
Este sábado cerraron las primeras negociaciones de la 30 Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, la COP30, que tiene lugar en Belem, en Brasil, en plena desembocadura del río Amazonas en el Atlántico. En medio de manifestaciones de miles de personas, incluyendo un Funeral de los combustibles fósiles, los delegados internacionales se preparan para la parte más sustantiva de la agenda, la que tiene que ver con los acuerdos y los protocolos mismos.

Las negociaciones sobre la manera de conducir las reuniones intergubernamentales, por ejemplo, o sobre cómo se realiza y se anuncia el reporte periódico sobre el estado del clima (el Global Stocktake) deberían haber concluido ya, o serán postergadas hasta el año que viene. Uno de los momentos más polémicos —y que puso más claramente en evidencia la falta de compromiso con el mundo de los países más contaminantes— fue la oposición de países petroleros, como Arabia Saudí, a la campaña anunciada por la Organización de las Naciones Unidas contra la desinformación climática.
Los países, además, han entregado ya sus Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC, por sus siglas en inglés) actualizadas y, en principio, con un mayor nivel de ambición. En el caso de México la titular de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, Alicia Bárcena, entregó el nuevo documento mexicano, pero éste no se ha hecho público aún.
Delegados de todo el mundo, desde los de los países hasta los de la sociedad civil, han notado un cambio enorme respecto de otras cumbres anteriores, resaltando que se trata de una cumbre más expuesta al mundo todo, a decir de algunos. Por una parte, el calor de la Amazonía y la humedad son patentes, y no todos los espacios tienen aire acondicionado. Por la otra, los delegados están mucho más cerca de manifestantes y de integrantes de organizaciones y movimientos sociales que en otras ocasiones. Representantes de pueblos indígenas han bloqueado entradas y caminos a la sede de la cumbre varias veces, y la enorme manifestación de hoy se hizo notar.
En esa marcha tuvo lugar, además, el Funeral de los combustibles fósiles, incluyendo el gas fósil que el gobierno mexicano, como otros en el mundo que no han querido dar pasos más firmes contra el cambio climático, considera un “combustible de transición”. La urgencia de dejar atrás y bajo tierra estos combustibles es tanto más patente, puesto que el mundo ya ha pasado dos años seguidos más de 1.5 grados centígrados por encima de los promedios preindustriales.

Queda por delante una semana más de negociaciones para tratar de salvar la cara de esta forma de negociar, duramente criticada por varias organizaciones y delegaciones. Los países deberán destrabar un acuerdo sobre la canalización del financiamiento climático desde el Norte global hacia los países del Sur, y deberán acordarse mecanismos más contundentes de implementación del acuerdo de París.