¡La tierra es de quien la defiende!

 

Un día como hoy, 20 de noviembre, pero de 1910, empezó una de las revoluciones campesinas más profundas y exitosas del mundo. La lucha por la democracia y contra la explotación, pero sobre todo por devolver la posesión de los recursos naturales a los más y quitárselas a los menos logró destruir el sistema de haciendas y construir la propiedad social de la tierra. Hoy necesitamos un proceso similar, aunque pacífico: si en 1910 el país se alzó al grito de “¡La tierra es de quien la trabaja!”, hoy debemos movilizarnos para repetir que la tierra es de quien la trabaja, y también de quien la defiende.

Hoy vivimos una embestida contra los recursos naturales y contra los territorios similar a la porfirista, pero de otra escala y con otra profundidad. Los grandes capitales financieros internacionales, las mineras que perforan por todo el mundo y los depredadores endémicos a nuestro país extienden su sombra de devastación por el territorio nacional. Su gran freno, sus adversarios más importantes, han sido hasta ahora precisamente los protagonistas de la Revolución de 1910: las comunidades indígenas y campesinas que viven el territorio, lo integran y comparten con la naturaleza. Hasta ahora, el precio que han pagado ha sido muy caro.

Solamente en México, en 2024 por lo menos 25 personas perdieron la vida por defender el medio ambiente. El año pasado se registraron, en total, 94 eventos de agresión, con 236 agresiones específicas, según documentamos en nuestro Informe sobre la situación de las personas defensoras de los derechos humanos ambientales en México 2024. No sólo eso, sino que dos terceras partes de los eventos de agresión se dieron a manos de agentes públicos, que prestan su poder y su impunidad para permitir y facilitar los despojos por los privados.

Hoy en día defender los logros de la Revolución y hacer que sus ideales vuelvan a triunfar es trabajar por, con y para las personas defensoras del medio ambiente. Lograr que el Acuerdo de Escazú, que brinda un marco de certeza y protección a la defensa del medio ambiente, sea crucial para ello. Combatir la impunidad y hacer que la ley valga para todos y todas será también fundamental. Fortalecer al sector ambiental y lograr que nuestro aparato productivo se oriente a la regeneración del planeta y no a su explotación está en el fondo de todo esto.

¡La tierra es de quien la trabaja y de quien la defiende!