La sociedad civil irrumpe en la diplomacia climática

 

La COP30 de Belem, en Brasil, avanza entre buenas noticias y la noción de urgencia climática. Mientras los trabajos de las delegaciones internacionales toman vuelo, se alternaron las buenas y las malas noticias y quedó claro que la acción sigue siendo urgente, que lo que se ha hecho es insuficiente, pero que es posible evitar una catástrofe. 

Por un lado, la demanda de petróleo parece estar cerca de su punto culminante, que podría llegar en 2030 y a partir del cual bajará la demanda de combustibles fósiles, según el informe con Perspectivas Globales de Energía de la Agencia Internacional de Energía. 

Sin embargo, también es cierto que, sin acciones y compromisos más ambiciosos, el mundo sigue en camino de un calentamiento global de 2.6 grados centígrados, que lo harán mucho más difícil de habitar, según la versión más reciente de las previsiones de la plataforma Climate Tracker.

Para reafirmar la importancia de la democracia y la presencia de pueblos indígenas y sociedad civil, en la noche del martes, activistas de comunidades originarias y aliados de la sociedad civil irrumpieron en la sede de las negociaciones, exigiendo medidas más serias contra la crisis climática, pidiendo que se combata con mayor firmeza la deforestación y llamando a respetar los derechos de los pueblos originarios. En declaraciones recogidas por la prensa británica, un negociador panameño celebró: “¡Al fin pasó algo!”

En lo que respecta al trabajo del CEMDA en la COP30, organizamos un evento con apoyo del Global Methane Hub, a invitación de la organización hermana brasileña, Arayara, el cual titulamos Metano y Transición Energética Justa. La razón de dicho evento es que sabemos que el metano es uno de los principales causantes del calentamiento global. En la región de América Latina, muchos países compartimos la misma problemática, bajo la cual, nos venden el gas fósil como una falsa alternativa, promoviéndolo como “combustible de transición”, por el cual necesariamente debemos pasar en el camino de avanzar hacia las energías renovables.

Sin embargo, los proyectos de gas, en toda su cadena, desde la extracción, transporte, almacenamiento y quema, generan emisiones de metano y otros componentes tóxicos que afectan la salud, la tierra, el territorio y la forma de vida de las comunidades en donde se instalan.

En el evento tuvimos la oportunidad de escuchar a Nicole Oliveira, Directora Ejecutiva de Arayara, quien presentó un panorama sobre la expansión del gas en América Latina, señalando que Brasil ocupa el primer lugar en proyectos de gas fósil, México el segundo y Argentina el tercero, compartiendo toda la región latinoamericana la misma problemática por el crecimiento de estas inversiones.

Por su parte, Yuvelis Morales, de la alianza Colombia Libre de Fracking y coordinadora de Latinoamérica del Tratado de No Proliferación de Combustibles Fósiles, expuso que la lucha contra el fracking en su país ha costado la vida a personas defensoras ambientales, y ella misma ha sido amenazada. Señaló que han trabajado por años para impulsar la prohibición total  del fracking y en cinco ocasiones han “bajado” la iniciativa de ley que estaba a punto de legislar en ese sentido.

Coincidiendo con este punto de vista, Enrique Viale, presidente de la Asociación de Abogados Ambientalistas de Argentina, dijo que “no existe el fracking amigable con el planeta”, aunque en la narrativa de varios gobiernos -Colombia, Argentina y México, por ejemplo- se ha buscado posicionar recientemente la idea de que los avances tecnológicos ahora permiten realizar fracking sin ocasionar tantos impactos ambientales. “La realidad es que detrás de los proyectos de gas se esconde el nuevo colonialismo; la transición como el nuevo relato que sube al altar al gas como lo que nos va a sacar adelante”, cuando en realidad lo que ofrece el gas fósil es convertir poblaciones enteras en zonas de sacrificio, afectando su salud, el medio ambiente, además de agravar la crisis climática.

Por su parte, Patricia Rodriguez, coordinadora del Programa Internacional de EarthWorks, expuso el caso Mecheros, en Ecuador, narrando cómo, a través de una cámara flir, fue posible grabar las emisiones de metano -invisible a simple vista- y gracias a ello documentar un caso legal para prohibir el estos proyectos en Ecuador, obteniendo una victoria ante las cortes de dicho país, la cual, sin embargo, no se ha hecho cumplir.

Finalmente, Alberto Alarcón, abogado del CEMDA, dijo que la tecnología, la ciencia y los datos nos están ayudando a documentar casos para acudir a la justicia a litigar las afectaciones a las comunidades por las emisiones de metano y habló de la problemática que enfrentan varias comunidades que habitan en zonas costeras del Golfo de México amenazadas por proyectos de hidrocarburos. Hizo referencia a instrumentos fundamentales como las opiniones consultivas de la Corte Internacional de Justicia y la Corte Interamericana de Derechos Humanos para que dichas comunidades puedan exigir legalmente que el Estado asuma su obligación de combatir el cambio climático y garantizar el derecho de las personas a un medio ambiente sano. 

Al tiempo, Gustavo Alanís, director de CEMDA, participó en un evento de la Universidad PACE, de Nueva York, sobre los “imperativos cívicos y legales para confrontar la crisis climática”. Se tocaron ahí dos temas, muy centrados en la participación de la sociedad en la agenda ambiental y en las políticas públicas. Por un lado, se habló de cómo aprovechar los tratados internacionales ambientales y hacer que los países cumplan lo pactado, sobre todo para facilitar la acción del público y que ésta sea eficaz en su impacto transformador. 

Por el otro, se habló sobre la urgencia de que se cumpla el Acuerdo de Escazú, porque la situación de las personas defensoras de los derechos humanos ambientales en México, Colombia, Brasil y muchos otros países es terrible. Desde el CEMDA hemos documentado la gravedad de esta situación en nuestros informes anuales sobre el tema, que se pueden consultar aquí

Conforme avanza la cumbre, avanza también la presión para desbloquear el financiamiento necesario para actuar contra los combustibles fósiles y para hacer que el planeta siga siendo habitable. La sociedad civil presente en Brasil, y el CEMDA entre esas organizaciones y activistas, mantiene actividades para lograrlo. En Belem, Brasil, como en casa y todo el año, seguimos trabajando.