
Este miércoles murió la doctora Jane Goodall, la primatóloga que documentó el comportamiento de los chimpancés y nos recordó, por si quedaba alguna duda, que los seres humanos somos también animales, que no somos los únicos animales que podemos aprender y amar —y, por desgracia, tampoco los únicos que se pelean, aunque todos podemos recuperar la paz—.
Goodall empezó a trabajar con chimpancés en los años sesenta, cuando no tenía ni treinta años. Lo que halló en las montañas de lo que hoy es Tanzania cambió completamente la forma en que entendemos a los animales —y a nosotros mismos—. Ella pudo documentar que los chimpancés aprenden los unos de los otros, que tienen estructuras sociales complejas, que tienen también amores y rencores, que pueden emprender guerras muy cruentas y, sobre todo, que pueden ser enormemente amorosos.
Sus enseñanzas nos mostraron, por el otro lado, que también nosotros necesitamos ecosistemas saludables para vivir y, sobre todo, que en nuestra calidad de primates podemos superar nuestras guerras, nuestros patrones destructivos, nuestras prácticas depredadoras. Ella pensó hasta el último de sus días que había grandes esperanzas de que la humanidad sea una especie que restaure el planeta, que viva en armonía con las demás especies del mundo y que construya sociedades más amorosas, solidarias, capaces de maravillarse con el mundo.
¡Gracias, doctora Jane Goodall, por todo lo que aprendimos de ti, y por todo lo que gracias a tu trabajo aprendimos de los chimpancés y del mundo entero!